El pasado enero, Isidro Baldenegro López, un
activista indígena dedicado a la lucha por la preservación de los bosques de
pino y roble de la Sierra Madre de México, fue asesinado, cómo el artículo del New
York Times dice. Además, el asesinato es el segundo de un ganador del Goldman Environmental
Prize, un prestigioso premio que reconoce de los defensores del medioambiente, en
menos que un año. El pasado mes de marzo hombres armados mataron a Berta
Cáceres, quien mobilizó al pueblo lenca de Honduras contra los planes de
construcción de una presa. Este segundo asesinato destaca
los peligros que enfrentan los ambientalistas en América Latina, donde la
minería, el sector energético, los negocios agrícolas y los intereses
forestales han generado violentos conflictos con las comunidades locales. Los gobiernos latinoamericanos tienen
que proteger los ambientalistas por crear espacios seguros donde la gente pueda
protestar contra las empresas que dañan nuestro medioambiente y organizar
movimientos que estén libres de persecución.
Suplico que los gobiernos mexicanos protejan
activistas ambientalistas por crear espacios seguros donde ellos puedan
protestar contra la tala, las petroleras y cualquier industria que dañe el
medioombiente. Más allá, estos activistas están desempeñando un papel muy
subestimado pero también importante: cuidarse por los intereses del
medioambiente. Muchas ambientalistas en Latinoamerica trabajan para proteger
los especies en peligro, pero se encuentran cómo un especies en peligro. Casi
tres cuartas partes de las muertes de activistas ambientales en todo el mundo
sucedieron en Centroamérica y América del Sur, según un informe de la
organización Global Witness, que analizó 116 asesinatos en 2014.
“El asesinato de Isidro Baldenegro López es una trágica
ilustración de los peligros que enfrentan quienes dedican su vida a defender
los derechos humanos en América Latina, una de las regiones más peligrosas para
los activistas”, dijo Erika Guevara-Rosas, directora de Amnistía Internacional
para el continente americano.
Las compañias en la industria de la tala y el petrolero están
dañando el medioambiente con la contaminación y los desechos, pero tambén están
dañando los derechos humanos.
Debido a los conflictos violentos que llevaron estas empresas,
Baldenegro tuvo que abandonar su comunidad en la parte sur del estado de
Chihuahua, dijo Isela González, la directora de Alianza Sierra Madre, una
organización que trabaja junto a los Tarahumara, un etnia indígena, para
proteger sus derechos territoriales. Baldenegro fue encarcelado por 15 meses
bajo cargos falsos de drogas y armas que finalmente fueron retirados.
Desafortunadamente, muchos de los Tarahumara, incluidos Baldenegro
y su familia, tuvieron que irse de sus comunidades tras las amenazas de hombres
armados que llegaron a limpiar el bosque para plantar marihuana en las
montañas.
Susan R. Gelman, presidenta de la Goldman
Environmental Foundation, le dio un llamado a las autoridades mexicanas para
que encuentren y juzguen a los asesinos de Baldenegro.
“Desgraciadamente, muchos
gobiernos no están creando espacios seguros donde la gente pueda expresar su
disidencia y organizar movimientos que estén libres de persecución y ataques
violentos”, dijo Gelman.
Los opositores no creen que las activistas
ambientalistas merezcan espacios seguros porque sólo se quejan sobre el cambio
climático y no están protegiendo la gente de los países. Tal vez no están
peleando una guerra, pero están sufriendo. Están específicamente eligiendo como
objetivo y matando por luchar contra la tala y la petrolera. Estos ofensas no
son campañas y comerciales, son violaciones de derechos humanos, y por eso los
activistas tienen que ser protegido por los gobiernos latinoamericanos, deben
tener espacios seguros para hacer su trabajo.
Antes,
pensaba que los ambientalistas necesitaran espacios seguros porque desempeñan
esfuerzos necesarios y heroicos. Ahora, pienso que los ambientalistas
necesitan protección del gobierno porque están en peligro. Están en peligro
porque trabajan para un mejor medioambiente, y es necesario que el gobierno
asegure seguridad a los activistas.
Además, las activistas no sólo están luchando
por la gente del hoy, están luchando por la gente de mañana, nuestros hijos,
nietos, y sus bisnietos. El cambio climático daña todos los personas, y tenemos
que promover la lucha por un mundo mejor y más sano. Esto involucra elogiar los
activistas que luchan, protegerles de peligro, y trabajar juntos para mantener
un medioambiente más fuerte.
Preguntas: ¿Debe el gobierno intervenir y
proteger a los ambientalistas?
Si el gobierno interviene, ¿se debe a la
responsabilidad legal, moral o política?
¿Están los activistas ambientalistas haciendo
lo correcto en protestar contra estas empresas?